La primera menstruación
Si realizáramos una encuesta a mujeres, nos daríamos cuenta que muchas no
recuerdan cuándo fue su primera menstruación. Otras, en cambio, lo recuerdan
perfectamente pues fue algo sorpresivo y repentino.
Con la llegada de la primera menstruación existe una diferencia fundamental de
madurez con el sexo opuesto y, sobre todo, la atracción sexual deja en poco
tiempo de ser "un juego de niños" para transformarse en un juego de adultos.
La primera menstruación no aparece de un día para el otro, aunque así suela
parecer, sino que forma parte de un proceso de transformación de niña en mujer,
que comienza algún tiempo antes. La iniciación del ciclo menstrual tiene un
nombre y se denomina Menarca.
La menarquía o primera menstruación suele llegar con algunas molestias y una
duración mayor que en los sucesivos períodos.
La menstruación es un fenómeno periódico que se repite, habitualmente, cada
veintiocho días y dura entre dos y seis días. Su manifestación externa es la
expulsión normal a través del conducto vaginal de sangre y tejido que recibe el
nombre de menorrea.
A mediados de un ciclo menstrual normal (promedio 28 días) se libera desde el
ovario un óvulo maduro (ovulación) que se dirige al útero a través de la trompa
de Falopio. En el útero la mucosa se prepara para la anidación en caso de que el
óvulo sea fecundado por un espermatozoide. Si no ha sido fecundado, al llegar al
útero el óvulo y la mucosa uterina “degeneran”, provocando el flujo menstrual.
El valor de informar
Hasta hace algún tiempo, la información sobre el ciclo menstrual y la sexualidad
de las niñas dependía casi exclusivamente de la familia, más específicamente de
la madre, ya que los tabúes sociales lo impedían. Si se lo hacía era
exclusivamente en relación a la moral, y raramente con detallada información
acerca de los procesos fisiológicos que entraña la sexualidad.
Hoy en día, la situación ha cambiado pues se valora la importancia de la
información. La sexualidad y todo lo que ella entraña es tema de la educación en
las escuelas desde que los niños son pequeños, pero más aún cuando están
atravesando esa particular edad de transición que es la pubertad (entre diez y
trece años, aproximadamente).
Además de los cambios en educación y en el seno familiar, donde las madres
cuentan con mayor información sobre estos temas, se encuentra la televisión. En
ella, la oferta de programas es variada y puede encontrarse excelentes
documentales sobre sexualidad humana y otros que no lo son tanto. En síntesis,
las niñas de hoy llegan mejor informadas a ese momento.
Pero por otra parte, también se ha producido una disminución de la edad promedio
en que se experimenta la primera relación sexual, con el consiguiente aumento de
los embarazos de púberes y adolescentes y transmisión de enfermedades. De modo
que, a diferencia de décadas atrás, ahora la información de las niñas a temprana
edad es mucho más vital para no cometer un error que pueda cambiarles
definitivamente la vida.
Un cuerpo que cambia
Cada niña debería poder ir comprendiendo lo que le está pasando a medida que lo
experimenta.
La pubertad es una etapa de muchos cambios en la vida tanto de varones como de
mujeres. Es una época de cambios fisiológicos profundos como la aparición de
caracteres sexuales secundarios, aceleración del crecimiento emocional y físico,
aumento de la estatura, la repentina capacidad de reproducción, por lo tanto la
modificación de la relación con el otro sexo, la búsqueda de independencia y el
desarrollo de principios personales.
En las niñas, estos cambios comienzan a darse entre los nueve y los doce años, y
concluye entre los once y los catorce. Por su parte, los niños comienzan a
realizar estos cambios entre los diez y los doce, y el proceso llega hasta los
quince o dieciséis.
Progresivamente, las niñas comienzan a experimentar un ensanchamiento en sus
caderas, se redondean las nalgas y los hombros, se redistribuye el relleno
adiposo, aparecen los senos –la mayor novedad que subraya la presencia de su
femineidad– y surge el vello pubiano y el de las axilas.
La información justa y precisa, sin ninguna duda, ayuda tanto a niños como a
niñas a adaptarse mejor a los cambios de esta etapa, acompañándolos en su
crecimiento. Pero de ninguna manera evitará la preocupación que el arribo de la
menstruación siempre origina.
Comenzar a ser "señorita" significa, por sobre todo, dejar atrás para siempre a
la niña.
Por
LATINSALUD.COM